martes, 11 de noviembre de 2014

Ella le caía bien a todos mis sentidos,
salvo cuando el marido era el tema de hablar,
cuando su confesión lastimó mis oídos
me dije no la escuches, no te ahogues en su mar.

Yo abrí de par en par las puertas de mi alma
y dejé que saliera mi secreto peor,
disimulando lo triste y conservando la calma
le dije "aunque no creas, estoy buscando amor".

Nos rendimos los dos a fingir como tontos
que yo era su marido y que ella era mi mujer
pero al cabo de un tiempo yo no quería ser su esposo,
ella quiso volver a ser la dama infiel.

Ahora ella está feliz, volvió con el idiota,
yo recorro las calles buscando otra mujer,
y aprendí que mentirse tiene patas muy cortas
que siempre la costumbre va a matar al placer,
va a matar al placer.


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